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Chaitén, entre la Patagonia y Chiloé

Chaitén es conocida como “Canasto de Agua”, por el nombre que le dieran los Huilliches a la bahía: Chaín o Chaitún, “canasto”, quizás por la forma del paisaje, una planicie rodeada de cerros boscosos, entre el Río Blanco y el mar. Es la comuna más grande de la provincia de Palena y abarca más de la mitad de su territorio. Reconocida por ser un eje de la Carretera Austral, por la erupción del Volcán Chaitén en 2008, por sus alerces milenarios y por ser la comuna chilena con más parques, reservas naturales y áreas protegidas.

Relato histórico

Chile es un país de naturaleza indomada, y pocas comunas saben tanto acerca de esto como Chaitén, fundada en un paisaje imponente de ríos, montañas, lagos, glaciares, bosques milenarios y volcanes. 

La historia de los asentamientos humanos en este asombroso paisaje se remonta a los distintos grupos indígenas; Poyas, Chonos y Huilliches Mapuches, que recorrieron las costas del Corcovado en busca de mariscos, pescados, madera y obsidiana volcánica. En las Cuevas de Vilcún, en el sector de Santa Bárbara, se encuentran pinturas rupestres dejadas por ellos hace unos 700 años y, en distintos lugares de la comuna, están todavía los conchales que son registro de su presencia.

La historia de los asentamientos humanos en este asombroso paisaje se remonta a los distintos grupos indígenas; Poyas, Chonos y Huilliches Mapuches, que recorrieron las costas del Corcovado en busca de mariscos, pescados, madera y obsidiana volcánica. En las Cuevas de Vilcún, en el sector de Santa Bárbara, se encuentran pinturas rupestres dejadas por ellos hace unos 700 años y, en distintos lugares de la comuna, están todavía los conchales que son registro de su presencia. 

La historia reciente de la comuna se remonta a fines del siglo XVI, cuando los españoles conquistan Chiloé. Exploradores hispanos, misioneros y aventureros recorrieron la Patagonia chilena en búsqueda de la fantástica Ciudad de los Césares, repleta de metales preciosos, una leyenda que hasta el siglo XVIII era tomada por cierta. Además, pasados los primeros siglos de Conquista, en Chiloé escaseaba la madera, y españoles e “indios de encomienda” acudían a la cordillera en busca de alerce, cruzando el Golfo en embarcaciones hechas a la usanza indígena. Pero en esos tiempos no existían los medios suficientes como para asentarse permanentemente. No había forma de enfrentar un clima tan inclemente, un bosque tan denso. Con el tiempo, dos grupos de personas empezarán a ocupar lo que sería la comuna de Chaitén: unos desde Chiloé, otros desde Argentina. 

En el siglo XIX, el Estado de Chile empieza a interesarse en la zona, y financió viajes exploratorios y de investigación. A su vez, campesinos chilotes llegan a estas costas en busca de forraje para el ganado. Luego, unos cuantos chilotes que compraron terrenos fiscales en el sector emprenden viaje hacia estos territorios, buscando quedarse. Eran las primeras décadas del siglo XX. 

Familias emparentadas entre sí como los Oyarzún, Pérez, Cárdenas y Ampuero, de lugares como la isla de Quinchao o Dalcahue, pasaban por una época de dificultades económicas, por lo que deciden dejar el Archipiélago y buscar suerte en los terrenos adquiridos, sabiendo que se enfrentarían a las “duras condiciones que impone una naturaleza salvaje y aislada”. En 1921, llegan a Chaitén Viejo, a unos treinta kilómetros del principal poblado actual de la comuna, junto a la desembocadura del torrentoso Río Yelcho. En agosto de 1933, la familia García viaja desde Chulín y se instala en Piedra Blanca, parte del fundo Almán, convirtiéndose en los primeros habitantes de lo que, años después, sería la actual ciudad de Chaitén. 

Otros llegaron desde el otro lado de la cordillera: originarios del centro-sur de Chile y radicados en las estancias argentinas, desde Trevelin, Provincia de Chubut. La comuna de Chaitén se forma con costumbres chilotas y gauchas. 

El joven caserío de Chaitén se convirtió en centro económico, político y social de la provincia gracias a estas migraciones de cordillera a mar, recibiendo a aquellos migrantes que buscaban tener contacto con la costa. Fueron estos mismos migrantes los que descubrieron y abrieron los caminos que hoy conectan toda esta geografía. 

Las exploraciones de la cordillera hacia el mar podían durar entre una y dos semanas. Testigos relatan travesías accidentadas, con personas perdidas en los bosques o varadas en los ríos. El Río Yelcho y el Lago Yelcho se hacen protagonistas: hito geográfico de innegable trascendencia, le dio vida a la ciudad de Chaitén y a la comuna. Era el principal medio de comunicación con los valles interiores, desde donde se extraían los productos que salían por el puerto de Chaitén. Pero era también un río peligroso, que le quitó la vida a muchos pioneros. 

Alrededor de 1933, las inundaciones del Río Yelcho obligan a los habitantes de Chaitén Viejo a moverse hacia Piedra Blanca, donde residía ya la familia García y otras familias de pescadores que aprovechaban las riquezas de la bahía. Con esto, empieza a crecer la ciudad de Chaitén, que el Estado funda oficialmente en 1943. La ciudad se traza con enormes calles y solares, debido a su ubicación estratégica tanto en el conflicto con Argentina como para el comercio. Sus casas siguen la tradición constructiva de los maestros carpinteros chilotes. 

Para 1949, en la ciudad de Chaitén había una calle principal y cuarenta casas, llegando en la década del cincuenta los primeros servicios básicos (como la electricidad). La densidad poblacional aumentaba, y durante los setenta Chaitén aparecía como un importante centro comercial. En 1979 es declarada capital provincial. 

Es también en esta época que comienza la construcción de la Carretera Longitudinal Austral, que reemplaza al camino hacia el lago Yelcho, el mismo que cruzaba aquel que fuera conocido como “camino internacional”, y que pasaba por el sector de Los Turbios. Ambos caminos, el internacional y el del lago, eran los únicos que existían en ese entonces. Sus 1.240 kilómetros darían empleo, mejorarían la conectividad y aumentarían el comercio en toda la región y la comuna. Para los años sesenta, el aislamiento de Chaitén era todavía patente, y en la ciudad “no había agua potable, no había alcantarillados, no había teléfono". Tampoco en las localidades rurales, más aisladas aún. La Carretera cambiaría en gran parte esa situación, y es por eso por lo que los chaiteninos recuerdan el intenso trabajo de abrirla con sus propias manos como un hito central en sus vidas. Pero es con la llegada de los militares a la zona que se hacen los más importantes avances, especialmente con el Cuerpo Militar del Trabajo (CMT). Los militares son una figura crucial en la historia de la comuna. Por orden del gobierno ejercieron soberanía en un territorio aislado, supervisaron los trabajos de la Carretera, mejoraron la infraestructura y los servicios locales, como el alcantarillado y las calles, y aseguraron la integración del territorio al resto del país. Los chaiteninos los recuerdan, en general, con afecto. 

En 1981, el Regimiento de Ingenieros Militares se instala en las cercanías de la ciudad. En torno a él se desarrollaron múltiples actividades comerciales. Con su cierre en 2001, se crea el Parque Palena, para fomentar el turismo. Así, la ciudad de Chaitén se convierte en un lugar de encuentro y comercio con el resto de las localidades, y, poco a poco, de servicios turísticos. 

Pero tal y como les ocurriera a los antiguos pioneros, enfrentados con una naturaleza implacable, los desastres naturales impactaron recientemente a la comuna. El dos de mayo de 2008, la erupción del volcán Chaitén saturó de cenizas el Río Blanco, desbordándolo e inundando la ciudad de Chaitén. El desborde dividió la ciudad en dos sectores, norte y sur. El gobierno decidió evacuar la ciudad por completo, trasladando a 4.700 personas a lugares como Puerto Montt, Chiloé o Futaleufú. Chaitén fue declarada inhabitable. 

A pesar de existir un proyecto para construir una nueva ciudad, en el sector de Santa Bárbara, en 2010 se anunció que sus habitantes podían regresar a Chaitén. Pero ya durante el mismo 2008, a sólo dos meses de la erupción, un grupo de doce chaiteninos había decidido volver. Lo hicieron sin autorización del gobierno central, y sin contar con servicios básicos. Porque los chaiteninos no querían otra Chaitén, sino la suya. Así, en 2010 comienza el rápido y masivo retorno de los chaiteninos: tal es el arraigo que tienen con su territorio. La ciudad tiene hoy cerca 2.000 habitantes. 

Más recientemente aún, otro desastre natural enlutó a la comuna. El 16 de diciembre de 2017 un enorme aluvión arrasó con la Villa Santa Lucía, llevándose a varios vecinos. El dolor que una tragedia como esta provoca en los habitantes de un pueblo pequeño, de profunda solidaridad entre sus habitantes, todos ellos familiares o amigos, es indecible. Aun así, el fuerte arraigo que caracteriza al Chaitenino, las ganas y las energías de reconstruir y habitar su territorio nos dice que el valor de su tierra, desde Villa Vanguardia hasta Huequi, es mucho más grande que los obstáculos que deben enfrentar, que el hogar es aquí y que el amor por Chaitén es incondicional.