Catedral de San Mateo de Osorno

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Publicado el
16 de diciembre, 2013
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Cada ciudad tiene sus razones para sentirse orgulloso y también símbolos que la definen en toda su esencia para mostrar a los visitantes.

Punto de referencia para el visitante, encierra en sus paredes y portentosa estructura un testimonio vivo de la perseverancia y resistencia del pueblo que forjó el presente de Osorno, una de las ciudades con mejores posibilidades para descubrir del sur de Chile.

Y es símbolo de la perseverancia porque la Catedral de San Mateo es el quinto templo que se construye en el mismo emplazamiento que hoy ocupa su versión final.

Antes, ataques de indígenas, calamidades naturales e incendios, se encargaron de destruir, una y otra vez, este templo católico que, en total, suma más de cuatro siglos de perseverancia: caer, desaparecer y volver a empezar, levantarse, cada vez mejor, hasta vencer. Esa es la historia del templo, en sus distintas versiones, hasta llegar al imponente edificio que es hoy.

La primera iglesia que se levantó aquí data de 1577 y fue reducida a escombros por la acción de indígenas alzados en armas durante la Guerra de Arauco. La última versión de este templo comenzó a erigirse en 1962 tras el brutal terremoto de 1960 que arrasó con el lugar y obligó a su total demolición. La catedral actual es obra del arquitecto chileno León Prieto. En 1977, cuatro siglos después del primer templo, fue consagrado, aunque todavía no tenía la actual torre.

La Catedral de San Mateo de Osorno tiene muchos aspectos de interés. Su torre, de 45 metros, se enseñorea por sobre la ciudad con una forma peculiar y llamativa. De diseño neogótico, su estructura asemeja el sombrero que usan los obispos, también conocido como Mitra.

El mayor mosaico de Latinoamérica
Adentro del templo, es posible encontrar el mayor mosaico de Latinoamérica. Se trata de un área de 163 metros cuadrados que es completada con vitrales sobre las tres puertas dobles de acceso que posee el edificio.

También el Cristo Quemado impacta a la vista por los restos carbonizados de la efigie de Cristo en la Cruz. Contrario a lo que se podría suponer, no es vestigio de un incendio en la Catedral, sino de otro recinto religioso –el Monasterio de las Carmelitas-, desde el cual fue traído para fomentar la reconstrucción.

El premio Obra Bicentenario distinguió al templo en 2008 y lo destacó como un proyecto que, en el último medio siglo por sus características e impacto, es reconocido como hitos urbanos “al cambiar la fisonomía de la cuidad de Osorno y con ello, la calidad de sus habitantes”.

Historia aparte es el caso de Fray Francisco Valdés Subercaseaux, primer obispo de Osorno y cuyos restos mortales se encuentran en la cripta de la catedral de San Mateo de Osorno. Valdés Subercaseaux realizó una labor misionera recordada hasta hoy en Osorno. En 1992 comenzó su proceso de beatificación y se le declaró Venerable en 1998 por el Papa Juan Pablo II. Como es sabido, se le atribuyen varios milagros que antecedieron este proceso.

Es otro motivo más de orgullo para los osorninos, que tienen en la Catedral de San Mateo su propia Torre Eiffel para dar cuenta de una historia que vale la pena ser contada y conocida.

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